Guardamar

TERREMOTO DE GUARDAMAR, AÑO 1829

Terremoto de Guardamar .- Sucedió el  21 de Marzo de 1.829, el terrible y fatal terremoto de Guardamar destruyó casi en su totalidad las viviendas de los habitantes que vivian en la villa amurallada situada sobre el cerro del castillo de Guardamar, dejando numerosos muertos y más de 3.000 personas sin hogar. Cuando aún no había finalizado la serie sísmica, en abril de 1829, el Gobierno de la Nación envía al ingeniero José Agustín de Larramendi (el primer ingeniero civil nombrado por el estado) reconocer todo el territorio afectado, ver como s e podía socorrer a las poblaciones afectadas y acometer las obras más urgentes. El terremoto de Guardamar generó un colapso generalizado en el Bajo Segura, ya que también destruyó parte de las infraestructuras básicas, entre ellas cabe citar las de defensa contra Inundaciones en el río Segura

terremoto guardamar

y, que tuvo como consecuencia el debilitamiento de las motas (montículos o lindes de tierra con las que se detenía el agua para los regadíos o se cerraba un campo de siembra) propiciando riadas, como las que se registraron ese mismo año y los dos siguientes. La Prensa tanto nacional como internacional se hicieron eco de la tragedia, lo que generó un sentimiento de solidaridad hacia los pueblos damnificados, que se plasmó en un primer momento en el envío de alimentos y enseres; y, posteriormente, en ayudas en metálico conforme los medios de comunicación iban difundiendo pormenores de la tragedia, ante la situación de precariedad por la que pasaba la población.

EL REY ENRIQUE VII APORTA LAS PRIMERAS AYUDAS TRAS EL TERREMOTO DE GUARDAMAR

Ante la magnitud del terremoto, el propio Rey  Enrique VII  fué el primero en aportar las primeras ayudas en favor de los afectados por el terremoto al decretar “He ordenado que de mi bolsillo secreto y el de la Reina, mi augusta Esposa, se suministre inmediatamente 1.500 reales,  así mismo he venido en decretar, que de los granos de rentas decimales pertenecientes a mi Corona, se apliquen con el mismo destino 20.000 fanegas de trigo “. No había transcurrido ni un mes del terremoto, cuando El 5 de abril del referido año se publicó un  decreto dirigido a todas las Corporaciones y habitantes del país con un llamamiento de unánime solidaridad para que, siguiendo el ejemplo del rey, contribuyeran con sus donativos en una cuestación, abriéndose una suscripción nacional en la que colaboraron también españoles residentes en Europa y América. Gracias a esta solidaridad pudo empezar la reconstrucción de Guardamár  y los demás pueblos afectados. Una vez finalizado el reconocimiento del territorio, con fecha 12 de mayo, el Ingeniero Civil remitió Una carta al secretario de Estado en la que expuso las lineas maestras de su pensamiento sobre la nueva ordenación territorial que debia primar en la recuperación urbanística de la comarca.

RECONSTRUCCION DE GUARDAMAR.

El 20 de Mayo, el secretario de estado le comunicaba la aprobación real y le dió autorización para que iniciara cuanto antes las labores de planificación.  Quince días más tarde el ingeniero remitió los planos a Madrid para someterlos a la consideración de la corona. El informe además de la planimetría, contenía un extenso estudio justificativo de las características del diseño acomodado a la renovación urbana. Dicho documento sirvió de base para el tratado explicativo que el día 9 de junio expedía a la corte y que fue impreso por mandato del monarca en la imprenta real. Para evitar las dificultades que podian derivarse de la expropiación de los terrenos destinados a levantar las nuevas poblaciones se recurrió a la figura de utilidad pública aplicada a la reconstrucción, con el fin de que no se obstaculizaran los trabajos, que con tanta urgencia se estaban llevando a cabo. Para agilizar más las gestiones se designó como superintendente de la operación al obispo de Orihuela, quien tenia como principal misión controlar que el reparto de fondos se hiciera con la mayor equidad, además de supervisar las obras. En este apartado contó con la inestimable ayuda de Eugenio  Fourdinier, amigo personal y hombre de confianza de Larramendi.

APROBACIÓN DE LOS PLANOS

El día 10 de junio el rey aprobó los planos y el criterio de urbanización. Pero el regreso de Larramendi a Madrid, junto a cambios políticos y problemas económicos, paralizan la rapidez con la que hasta entones se habían realizado los trámites. Esta ralentización propició que las labores de reposición se demorasen un año. A pesar de la marcha y del alejamiento del arquitecto, su celo tuvo una gran trascendencia en el periodo de espera hasta el inicio de los trabajos, pues desempeño el papel de interlocutor del obispo de Orihuela ante las altas instancias ministeriales, con el fin de adelantar el programa de actuaciones.

memoria reconstrucción guardamar

NORMATIVA PARA LA RECONSTRUCCION

El día 17 de marzo, casi un año después de la tremenda catástrofe que arruinó gran parte de las poblaciones del Bajo Segura, el entonces ministro de Gracia y Justicia, Francisco Tadeo de Calomarde, comunicaba al secretario de Estado y al cardenal arzobispo de Toledo, presidente de la Junta Suprema, la aprobación de la Real Orden definitiva para la refundación de los pueblos devastados por el terremoto. El escrito recoge en nueve apartados las reglas que se debían usar para arreglar las poblaciones que los seísmos destruyeron. Los criterios que se emplearon fueron los siguientes:

  1. a) Las obras se realizarán con arreglo a los planos enviados por José Agustín de Larramendi, bajo el control y dirección de las personas que había propuesto, que eran Félix Herrero Valverde, obispo de Orihuela, como superintendente general con amplias facultades, y Eugenio Fourdinier, ingeniero y compañero suyo, como director de las mismas.
    1. b) Se faculta a los directores de la empresa para que puedan adquirir tanto los terrenos como las canteras que sean necesarias para llevar a cabo los trabajos, siempre atendiendo a las tasaciones de los peritos e intentando reducir los costes.
    2. c) El reparto de los fondos aportados por el rey y los particulares a raíz de la suscripción popular, se debía ajustar a la distribución de partidas contempladas en el presupuesto. En el caso de no alcanzar la cifra estipulada de 5.345.000 reales de vellón, lo recaudado se prorratearía con relación a lo previsto en cada actuación “aunque en él queden por ahora sin construir algunas de las obras proyectadas”.
    3. d) Para conceder las ayudas se dividen los damnificados  en tres categorías:
  2. en la primera estaban los pobres que no disponían de recursos para levantar su vivienda, por lo que la construcción de la casa corría a cargo de la compañía;

  3.    la segunda la componían aquellos que tenían recursos, pero que habían experimentado pérdidas cuantiosas, a estos se les señalaba en la manzana su ubicación, para que ellos mismos la edificasen con aportaciones económicas entregadas por los responsables según avanzase la obra.

    y en tercer lugar las personas acomodadas a quienes se les señaló sitio y extensión para que ellos mismos se encargasen de fabricarla con sus propios recursos. En esta cláusula se recoge además que el solar de la vivienda estaría en consonancia con la categoría social de cada vecino y en relación a la superficie que ocupaba antes de la destrucción. Asimismo señala que la inversión realizada en cada manzana no podría exceder el coste presupuestado para cada una de las unidades. Por último apoya la reutilización de los escombros y define que “cada vecino será dueño exclusivamente de los materiales correspondientes a su antigua casa arruinada, y los podrá aplicar á la nueva. Los demás materiales y escombros amontonados podrán emplearse indistintamente donde convenga en las casas de los pobres”.

plano reconstrucción de guardamar

plano original de Guardamar diseñado por LARRAMENDI, presentado y firmado en Orihuela el 6 de Junio de 1829

  1. e) Una vez trazadas las manzanas, las primeras obras a realizar son las fachadas y el resto de muros perimetrales  de la casa, con el fin de techar la morada. La distribución interior sería libre para las familias de la segunda y tercera categoría. Estos últimos podrían mejorar la imagen exterior de la vivienda, siempre que respetasen la alineación de los bloques y la altura aconsejada.
  2. f) Debido a la acusada horizontalidad de las edificaciones y ante la considerable anchura prevista de las calles, los vecinos quedaban obligados a plantar y mantener delante de sus frontispicios, en los lugares previstos, los árboles que les corresponda en el proyecto. De manera que estos pueblos, como señala su arquitecto “vendrán a estar en unas hermosas alamedas… y ofrecerán una comodidad y delicia que nada habrá que sea comparable en España”.
  3. g) Con el fin de evitar que quedaran solares sin edificar en las manzanas, el superintendente tenía facultad para llegar a acuerdos con aquellas personas más acaudaladas con las que no dispusiesen en aquel momento de medios para erigir los muros y techar la vivienda, con la condición de recuperar después el dinero invertido.
  4. h) En las poblaciones se designó un facultativo apoyado por el equipo preciso, todos ellos coordinados por Fourdinier. Con el fin de ajustar los costes, en cada localidad se construyó una manzanas destinada al colectivo menos pudiente, al objeto de definir el presupuesto real de ejecución y de esta manera se fijó el baremo para contratar la edificación de las restantes.
  5. i) El superintendente tenía la facultad de distribuir el dinero recaudado y de señalar la ubicación y extensión de todas las viviendas. Con esta escueta normativa y con la Memoria remitida por Larramendi al rey fue posible reponer las viviendas de la comarca, tanto en los núcleos de población como en el hábitat disperso, de una forma ordenada y coherente. La claridad de las exposiciones y el hecho de que no se dejase ninguna cuestión al azar, unida a la fidelidad con la que fueron ejecutadas las propuestas resultaron claves para restablecer de nuevo la vida y la normalidad en los pueblos afectados.

LA NUEVA UBICACION DEL PUEBLO DE GUARDAMAR

Es de precisar que José Agustín de Larramendi, tras el seismo, decidió ubicar la nueva Guardamar en las inmediaciones del cerro donde se encontraba la anterior, en la ladera de Levante. Para la reedificación buscó una localización menos abrupta donde pudiera desarrollar el plano por él trazado, y optó por un área de suave pendiente que se extendía entre el monte coronado por la destruida ciudadela fortificada (hoy reconstruida en parte) y el mar.La nueva Guardamar se planifica como un pueblo alargado, construido a partir de un eje central (actuales calle Mayor-Avenida País Valenciano) con tres plazas, una grande y rectangular en el centro, en medio de la cual se levantará la parroquia, y dos redondas en los extremos. Guardamar se edificó en una ladera orientada hacia el mar siguiendo las instrucciones establecidas por Larramendi que, en el informe número tres enviado al Rey, establecía las siguientes normas: 

situación de guardamar antes del terremoto

La nueva Guardamar se planifica como un pueblo alargado, construido a partir de un eje central (actuales calle Mayor-Avenida País Valenciano) con tres plazas, una grande y rectangular en el centro, en medio de la cual se levantará la parroquia, y dos redondas en los extremos. Guardamar se edificó en una ladera orientada hacia el mar siguiendo las instrucciones establecidas por Larramendi que, en el informe número tres enviado al Rey, establecía las siguientes normas:

  1. Determinación de la situación más ventajosa de los pueblos, por lo que cambia la situación de Guardamar con vistas a una mayor seguridad.
  2. Trazado de nueva planta regular con calles que se cortan en ángulo recto.
  3. Realización de la construcción con todas las prevenciones necesarias en una zona con actividad sísmica: calles de cuarenta a cincuenta pies de ancho, casas de una sola planta con quince pies de alto como máximo y amplios espacios de seguridad como patios interiores y anchas vías públicas.
  4. Uso abundante en las edificaciones de madera muy trabada entre sí y de mampostería. Para impedir desprendimientos se eliminan cornisas, voladizos, balaustradas, etc.
  5. Consideración de la reconstrucción como una obra pública del Estado, que además dirigiría, porque ésta sería la única manera de que las obras se llevaran a cabo.
  6. Plantación de árboles en las calles y de parrales en los patios, para mitigar los efectos del sol veraniego y producir leña y frutos.

Se construyeron quinientas sesenta casas de una sola planta, repartidas en veintidós manzanas, con un mínimo de treinta pies de fachada y cuarenta de fondo. El pueblo tenía una gran plaza central de quinientos pies de largo y doscientos cuarenta de ancho y dos circulares en los extremos de ciento sesenta pies de diámetro. El terreno sobre el que se levantó costó dieciséis mil reales, las obras ascendieron a 1.793.821, y además se socorrió al vecindario con otros 140.863; en total, 1.950.684 reales. El edificio más notable de la nueva población era la iglesia parroquial a la que se destinó un solar en la Plaza Mayor y cuyas obras se demoraron por más de sesenta años.

imagen aérea pueblo guardamar

en esta fotografia aérea de 1930 podemos observar claramente el diseño de Larramendi y su situación

aerea guardamar 1934

cien años después de su construcción podemos observar como guardamar sigue conservando las proporciones y dimensiones del diseño original de Larramendi

La situación considerada idónea en el momento del traslado, resultó perjudicial con posterioridad cuando se desestabilizó el sistema dunar,  convirtiéndose en un nuevo peligro: ” el avance de las dunas “, invadió las áreas de cultivo y amenazó la supervivencia de los habitantes ya que el desplazamiento de las arenas iba enterrando el pueblo poco a poco, casa a casa….